Continuas movilizaciones de repudio a la candidatura de Enrique Peña Nieto fueron el sello de este año, a tal punto que el movimiento #YoSoy132 se creó en ese contexto y aunque tal vez dejó mucho que desear, sí marcó la esfera política nacional. Dichas movilizaciones tal vez llegaron a su punto más álgido el pasado fin de semana con la toma de protesta del ahora presidente de México.
Que una candidatura fuese tan repudiada ya era algo inédito, pero no casual, pues sobraban las muestras de apoyo de los ahora tan mentados “poderes fácticos” hacia el exgobernador del Estado de México y con ello el muy factible regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tras doce años en los que Acción Nacional acabó por generar desencanto y la prueba está en los votos obtenidos en julio pasado.
Las marchas anti-Peña aglutinaron a contingentes más numerosos en unos lugares que en otros, pero el Distrito Federal, que para el PRI ya no representa ninguna oportunidad, fue la sede de las más importantes, lo que ya daba una muestra de las complicaciones que la capital le iba a representar al copetudo presidente.
Taless marchas, como las de #YoSoy132 y otras en apoyo al candidato de la izquierda, que se llevaron a cabo a lo largo del año en el DF, sin dejar de ser contestatarias, se caracterizaron por lo festivo, su paz y tranquilidad, por lo que era cada vez más común encontrar a personas de distinta procedencia y diversos niveles socioeconómicos integrando los contingentes.
Este aspecto se vio acentuado el momento en que jóvenes de las universidades y escuelas privadas se integraron a las marchas. También era común encontrar en los contingentes a familias enteras, a niños que marchaban acompañando a sus padres, así como a personas con disfraces, letreros con frases tanto burdas como ingeniosas, acompañados de sus perros o de algún rasgo que los hiciera resaltar.
No hacían falta los policías resguardando a los contingentes, se estaba construyendo una comunidad, lo que desde luego no era ningún buen indicio para el nuevo gobierno priísta, que sin ser gobierno ya cargaba con toda la animadversión de una parte importante de la población.
Sería irresponsable y simplista culpar al gobierno de los acontecimientos del sábado 1 de diciembre, pero tampoco se puede ser tan ingenuo como para pensar que nada tuvo que ver; sobre todo debido a que el primer beneficiario de la desmovilización es éste último, ya que a partir de hoy muchos estudiantes, ya ni qué decir de familias, se abstendrán de participar en marchas por temor a lo que pueda desatarse.
Aunque suena absurdo que el gobierno permitiera o incluso incentivara los daños a la propiedad privada, como sucedió con hoteles y negocios de empresas transnacionales, es un costo que se puede pagar si eso garantiza que en el futuro la cantidad de personas movilizándose, ya no contra una candidatura, sino en contra de un gobierno, se vea disminuido de manera considerable.
Aunque hoy se señale que algunos de los presos no tomaron parte en los destrozos, la opinión televisiva estilo La Rosa de Guadalupe los condena asegurando: “si no hubieran ido a la marcha nada de esos les hubiera pasado, ¿y usted, sabe dónde están sus hijos?”.
Paco. J. Lemus
Publicado en Cambio de Michoacán 5 de diciembre de 2012. Economía, pág 20.
buena nota, lamentablemente no hay nada que hacer :/.
ResponderEliminarGracias por tu comentario y que bueno que te haya agradado la nota, pero yo creo que sí hay mucho por hacer, precisamente porque lo que quiere el gobierno federal como en buena medida el partido de izquierda en el DF es que la gente no se movilice si no es corporativamente, creo que eso es lo que trataba de defender, que los mexicanos empezabamos a salir a las calles sin que nos llevara un partido u organización y eso le preocupa hasta a la izquierda institucionalizada. O cómo la ves tú??
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