Las teorías de desarrollo económico local y del gobierno de bienes comunes han mostrado que las comunidades pueden gestionar su progreso y tomar en sus manos el cuidado de sus recursos ya sean éstos naturales o sociales sin necesitar grandes aportaciones de elementos externos, como puede ser el Estado mismo. Es así que nadie tendría que sorprenderse de que la seguridad sea gestionada localmente.
Sin embargo, la gestión del desarrollo o de los bienes comunes no les cae a las comunidades como el Maná del cielo, hay un conjunto de elementos estructurales que son necesarios para que tales procesos puedan funcionar. Por ello hay casos en donde las comunidades han fallado en generar su desarrollo o incluso en preservar sus recursos, dando lugar a “la tragedia de los comunes”.
Es una posición muy poco crítica aquella que asegura que la tragedia de los comunes es inminente y en realidad va cargada de una ideología que pretende encumbrar al Estado o a la gran empresa privada como panaceas capaces de solucionar todos los problemas de la humanidad, cerrándose a un amplio espectro de posibilidades, como puede ser la gestión comunitaria.
Al parecer de muchos teóricos de estos temas, las instituciones son un factor clave para que desde lo local puedan gestarse dichos procesos. Entendiendo por instituciones, las reglas y las normas que hay en un determinado contexto socio-espacial, parte de estas normas pueden ser los valores de una comunidad y, claro, sus usos y costumbres.
Esos elementos han permitido que muchas comunidades promuevan el desarrollo económico a partir de lo que tienen a su alcance, como es el caso de algunas comunidades forestales de México, que a la vez que han aumentado su riqueza económica, han mantenido sus recursos naturales. Pero algunas comunidades no han tenido estos elementos y han acabado sin bosque y obligadas a migrar en busca de oportunidades.
Esa misma lógica funciona para los grupos de autodefensa, en lugares donde las instituciones comunitarias funcionen, con su conjunto de sanciones y estímulos, es casi seguro que estos grupos van a ser una solución al problema de inseguridad, en aquellas comunidades donde de manera espontánea se pretenden copiar modelos, las posibilidades de fracaso son altas.
Y es precisamente en esas comunidades donde con mayor facilidad pueden actuar tantos los gobiernos como el crimen organizado para procurar que los grupos de autodefensa respondan a sus intereses y no a los de su población; pero al parecer el debate de estos días está desviando la atención para optar por mostrar a los indígenas y campesinos como salvajes ajenos a toda institución.
Si “la tragedia de los comunes” es un argumento ideológico tendencioso, el romanticismo con las comunidades además de ingenuo también es peligroso, pues da por sentado que ellas cargan con la solución de manera inherente, cuando la realidad es que hay que construir las condiciones necesarias, ya sea para gestionar el desarrollo, los recursos naturales o la seguridad.
Paco J. Lemus
No hay comentarios:
Publicar un comentario