Sólo uno de cada 20 mexicanos conoce cuántos diputados componen al Congreso de la Unión, peor aún, sólo uno de cada 100 sabe que hay 128 legisladores que integran la Cámara de Senadores; lo que da cuenta del bajo nivel de politización de los mexicanos, que sobre todo se conduce a partir de los viejos principios heredados del Estado posrevolucionario.
Un claro ejemplo de ello está en el tema de la reelección, que es rechazada por el 60 por ciento de los mexicanos y apoyada sólo por el diez, como lo ha señalado la última encuesta realizada por Consulta Mitofsky. ¿Podría ser de otra forma cuando hemos crecido con el lema “Sufragio efectivo, no reelección” como principio fundacional de nuestra actualidad?
La formación escolar, que cada vez más se acusa de deficiente si es de orden público, jugó un papel determinante, pues los libros de texto prácticamente redujeron la lucha contra la reelección como el factor detontante de la Revolución Mexicana y por lo que Francisco I Madero se elevó a uno de los más altos nichos del santoral secular mexicano.
Por ello no sorprende que con tan poca información, como ignorar cuántos son los diputados o senadores, ya no se diga, saber quiénes son, los mexicanos se atrevan a dar su negación terminante a esta política que hoy se discute mucho en distintos medios de difusión.
Más allá de las opiniones sesudas o no, acerca de las bondades o daños que puedan causar la reelección o la entrada de capital extranjero en la industria energética, existe un elemento que tiene un carácter altamente ideologizado en las opiniones de los mexicanos, como que la reelección genera dictaduras o que el petróleo es netamente de los mexicanos.
Con ello no se intenta decir que estos principios son farsas o simples frases de pericos, desde luego que tienen elementos tan complejos como una revolución detrás de ellas, pero precisamente debido a que al mexicano promedio sólo se le enseñó la frase dogmática, es que ahora los gobernantes y empresarios que los presionan, buscan por medios igualmente burdos, como comerciales televisivos, cambiar la “opinión pública”.
El desanimo hacia la política no es una característica de las clases bajas o iletradas, como muchos pudieran ya estar pensando, pues de las personas con estudios universitarios, sólo el 13.6 por ciento supo que hay 500 diputados, de éstos mismos, sólo el 2.9 por ciento supo que hay 128 senadores. Claro que mencionar a sus representantes, así como de sus funciones, seguro ya es demasiado.
Con ello, lo que queda claro es que la mayoría de los mexicanos se sienten ajenos a la política y por eso a nadie sorprende que la votación fuerte, si se le puede llamar fuerte a que menos del 60 por ciento de los empadronados ejerza su voto, sea cada seis años, y en muchos casos sin un verdadero conocimiento de los proyectos que hay detrás.
Esta despolitización ha sido otro de los grandes éxitos del neoliberalismo, votar se reduce a conducirse como un consumidor que busca productos que le satisfagan ciertas necesidades, por lo general de corto plazo y en donde se presta poca atención a todos los efectos colaterales que habrán de acompañar una elección determinada.
Eso no quiere decir que el elector no se sienta temeroso ante tanta incertidumbre, y cuando lo que cunde es la incertidumbre, lo mejor es aferrarse a lo que, por lo menos hace un tiempo, era tan firme. Por ello hay que revivir de forma maniquea a los viejos referentes, como ahora hacen tan vulgarmente los defensores de la reforma energética, sobre todo para el tema del petróleo.
Paco J. Lemus
No hay comentarios:
Publicar un comentario