Efectivamente, la mayoría de la clase política
de nuestro país nos ha defraudado, lo suficiente como para pensar que no existe esperanza
en el futuro de México. Sin embargo, debe de quedar claro que
solamente la mayoría lo ha echo. Muchos se dicen apartidistas y pretenden dar
un aire de intelectualidad al plantear que la política es un asco, sin saber
que el no participar ni involucrase es también una postura política, es
decir, el hacer o dejar de hacer tiene una incidencia en el destino
de nuestra nación.
El gran acierto de los políticos corruptos y los
medios masivos de comunicación es hacerle creer a la sociedad que la política es
un acto deshonesto e interesado, de ahí que exista un repudio general hacia
estos. Esta situación solamente favorece a quienes siguen en las cúpulas del
poder, puesto que continúan con sus corruptelas avaladas por el voto de quien
generalmente repudia a la clase política pero por costumbre no falta en cada
jornada electoral a votar por quien después considera un ratero.
La política no es un acto deshonesto ni interesado,
que quede claro. El que en México, la mayoría de representantes populares actúen
de forma ilegal es otra cosa. La participación ciudadana no está restringida al
voto solamente aunque en los actos así sea. Nos han enseñado a que con votar es
suficiente, pero no salgamos a la calle a exigir lo que por derecho nos
corresponde porque ahí si somos unos porros, revoltosos, trasgresores de la
ley.
El voto nulo no es la respuesta en un país
en donde si no se escucha a la mayoría organizada mucho menos a las minorías
desorganizadas, como quedo comprobado en el 2006 mediante la imposición de un
presidente que no contaba con una base legitima y a pesar de la gran demanda al
voto x voto. Es verdad, la mayoría de los políticos nos han desanimado, sin embargo,
es también una actitud pasiva y conformista la que ha toma gran parte de
nuestra sociedad que al ser testigo de las grandes injusticias que ocurren
optan por no hacer nada en contra de ellas.
El voto nulo no es la estrategia
indicada para hacerle sentir a los políticos la presión por cumplir con sus
obligaciones cuando son encargados del poder público. El voto nulo no tiene
voz, no tiene consigna, no exige nada y por el contrario deja a riendas de los demás
el entender la razón de tal decisión. El voto nulo es regalar al poder la libertad
de elegir por uno mismo, el voto nulo es simplemente, lavarse las manos.
Aunque la oferta política para muchos no es la mejor, la actitud de no
querer participar solamente por este hecho es todavía peor. Cada quien tiene el
derecho, por supuesto, de elegir o no elegir. Sin embargo, nadie tiene el
derecho a regalar el destino del país por simple apatía. La situación de México
requiere de la participación activa de su población y el voto es apenas el
primer pasó de ésta.
No al voto por herencia, no al voto desinformado,
no al voto comprado, no al voto nulo!
S. AM
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